Nuevamente me encuentro escribiendo para mi blog, cosa que desde hace más de un año no había hecho. Actualmente me encuentro en Argentina, en una ciudad llamada la plata. Muy ordenada; la gente se maneja de acuerdo a calles, avenidas y diagonales; es como jugar _____ en la vida real. Ahora hace calor, pero en invierno, mis compañeros de cuarto, dicen que los charcos se congelan en la calle y es casi insoportable el frio, aunque pocas veces ha nevado. Estudio artes plásticas en una universidad nacional del mismo lugar. Y de esto es lo que quiero hablar, de cómo Dios me ayudó a estar aquí sano, salvo y con un buen futuro: Fue en enero del año pasado que surgió la idea de ir a estudiar a otro país; ya fuera Argentina, Costa Rica o México. En agosto aplique a través de la embajada a dichos lugares, y para mi suerte en diciembre del 2010 la Universidad Nacional de la Plata me había aceptado y fue cuando empecé a realizar todos los trámites y demás. No tenía trabajo, sino uno que solo asistí por tres meses, aunque solo trabajé uno, pero mi espíritu, o mejor llamado, mi voluntad por ahorrar hizo que no tocara dicho dinero. Gané $390 dólares en dos semanas. Asistía a todas las obras que podía para ganar lo suficiente. Intenté conseguir otros trabajos, pero requerían entrenamiento; como el de un Call center, en el que dicho entrenamiento duraba casi un mes, y solo tenía un mes y medio para irme. A finales de Diciembre, hablé con un tío llamado Tomás Palomo, quien me proporcionó de un pasaje con los gastos pagados a Buenos Aires, Argentina. Estaba tan solo a un mes de irme, bastante tranquilo, el lunes 1 de Febrero del presente año, cuando me llegó la noticia que la Universidad hacia un Curso de Ingreso Obligatorio. Asustado y desesperado busque en Taca todos los vuelos que habían; lamentablemente, no apareció ninguno, sino hasta las 10 de la noche, después de pasar 14 horas buscando, un vuelo a Buenos Aires; no pensé más y lo compré. Mi tío Tomás, pagó los gastos luego, más de lo que yo me imaginaba. El vuelo era para 3 días después. Ese jueves en la tarde, tenía listo todo lo que necesitaba. Iba con mi familia, menos mi hermana mayor, pues trabaja en un hospital, rumbo hacia el Aeropuerto. Estando una vez ahí, todo se dio vuelta. El boleto que yo compre para el jueves 5, estaba para sábado 7, llegando a Argentina el Domingo 8 por la mañana. Regresamos del Aeropuerto. Yo traía una cara de depresión y enojo con todos y conmigo mismo, hasta que por la radio escuche una canción de Tercer Cielo, se llama “creeré”; y así fue como decidí creer. Creerle a Dios todo lo que me dijere desde ese día en adelante. Ya que mi vuelo se atrasó, asistí a la iglesia por última vez, viendo a toda la gente de la cual, a falta de tiempo no había podido ver; sin preocupaciones de nada, puesto que todo estaba listo. Pero aun así, había un problema, el lunes 7 empezaba el curso de ingreso. Ese día en la mañana, un día antes de irme, hable con la Universidad la cual me dijo que no habría ningún problema, además un misionero me dijo que me daría casa por una semana y media. Salí, pues, de El Salvador, dándoles un beso a mi familia; menos a mi madre que llegó tarde, pero cuando regrese le daré muchos; hacia Argentina. Durante el viaje, me topé con un compañero de universidad que llevaba la misma ruta, y me acompañó durante más de 10 horas. Al llegar, tomé un taxi que me cobró relativamente caro, hasta Quilmes, donde me encontré donde una muy buena amiga: Alejandra, y su novio Gabriel. Siendo una bendición de Dios (y habrán muchísimas más) me dieron lugar para dormir esa noche. Al siguiente día partí a La Plata, una ciudad hermosa llena de edificios coloniales y calles rectas y planas, perfectas para andar en bicicleta, pero no para caminar con una maleta de 50 libras mientras buscaba la casa del misionero. Por fin, a las 3pm, la encontré, nunca hice tanto ejercicio en mi vida, pero no sería la primera vez. En la noche asistí a la Universidad y durante el resto de la semana fui a mis clases. Desde el día que llegué a esa casa hasta el martes 15 que me fui, Facundo, el misionero, me dio de comer tanto que hasta engordé. Pasó que el miércoles, estando yo en una pensión, fui al banco a sacar dinero, y mi tarjeta no funcionaba. Solo me quedaban 10 pesos, que son $2.50 dólares. Busque internet donde pude y al tenerlo me comunique con mi familia, lastimosamente no pudieron hacer nada. Estaba tan preocupado  que solo me arrodillé en un baño de un restaurante y oré a Dios. Al salir de allí, mientras caminaba en la calle, pues mi casa queda a casi un kilometro o más, pensé en que tengo que confiar en Dios, y mi cara se tornó en una sonrisa con esfuerzo. Una vez más fui al cajero automático e intenté. Para la gloria de Dios, que funcionó el cajero, saque 200 pesos. Ahora solo faltaba un problema con el que hasta había soñado. Me faltaba un trabajo de la Universidad. Hoy, viernes 18 de febrero, asistí sin mi trabajo y ahí estaba mi grupo, con el trabajo terminado y dispuestos a compartirlo, ya que yo había estudiado más que los demás, me tocó exponer. Hasta ahora he sacado 10 en todos mis trabajos, y puedo decir que a pesar de las personas que me ayudaron, el único que estuvo 100% conmigo fue Dios, no me soltó y me dio las fuerzas para hacer esto. Claro está que me falta mucho, pero cada vez creo más en lo que Dios puede hacer en mi vida. Estas solo son la mitad de todas las cosas con las que me bendijo Dios hasta ahora. ¡Gracias Dios por tus bendiciones!

 

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